Las palabras y las cosas/1

2 de mayo de 2009

por Erica Aisa

Las primeras palabras y las cosas, aunque antes hubo otras, como las hay siempre…palabras y cosas…historias que se pueden contar con palabras y rostros que se pueden conocer.

Esta es la historia de una historia…o un pedazo de historia de varias historias…son palabras y cosas….que componen una parte de historia… lo que indiscutiblemente es así porque los hombres y mujeres tenemos palabras.

El escritor John Berger dice que el mundo es indisociable de esos nombres que damos a las cosas o a las acciones, con las que expresamos el dolor y la felicidad y que con las palabras podemos perder o ganar la vida.

Estas palabras.. las de hoy… cuando acaba de suceder otro día del trabajador, contarán un pedacito de historia de una mujer, quien usó las palabras también para luchar.
Su nombre era María Cano, pero se la conocía como la Flor del Trabajo. Nació en Colombia en 1887 y vivió 80 años.

Los datos formales cuentan que era de una familia de clase media y culta. Que se sumó a las luchas de los trabajadores por los años 20, que fundó el Partido Socialista Revolucionario de su país, que estuvo vinculada al movimiento literario de aquellos años y que escribió en la revista Cyrano con el seudónimo de Helena Castillo.

Las palabras pueden ser armas y María Cano las usó en defensa de los trabajadores, se sumó a sus luchas. Los relatos que cuentan sobre ella, rescatan su gran capacidad de oratoria y la atracción que ejercía cuando hablaba.

Palabras dichas y ejercidas, palabras de lucha, que mencionaron justo lo que tenían que decir.
“cinco mil obreros de Barrancabermeja han querido que mi corazón traiga el eco de su clamor de justicia y el anhelo que ponen sus energías en esta hora sagrada. No vengo a pediros un mendrugo, no vengo a pediros misericordia, sino justicia”.

Así, habló ella, públicamente y en voz alta, frente a un juez que dispuso cárcel para los obreros de una compañía extranjera que se habían levantado en huelga.

Para Berger las palabras ponen y quitan y siempre son incongruentes porque nunca encajan exactamente en su sitio. Por eso causan dolor y por eso ofrecen también salvación.

En 1925, La Flor del Trabajo les gritaba a los trabajadores con palabras urgentes que ofrecían salvación:
“¡Oíd mi voz que os convoca y que esos músculos, tensos aún por el esfuerzo del trabajo, esas frentes sudorosas, esos ojos ensombrecidos por la tortura del pensar, sean oreados y fortalecidos por el hálito de libertad!”

Esto es una historia que ocurrió hace años, entre tantas otras. Una historia que rescata a María Cano y con ella nos permitimos retroceder a 1920, entrar en Colombia y vivenciar el gran revuelo de las huelgas y las luchas que sostenían los trabajadores por aquellos tiempos.
Conocer las palabras que se mencionaban y releerlas, decirlas y ponerlas al aire. Porque creemos que las palabras son necesarias.

Porque como sigue contando John Berger, “los hombres no se limitan a horadar las montañas, hablan de lo que hacen. El esfuerzo que les exige su propia vida es, sobre todo, un esfuerzo verbal. Las palabras ponen y quitan. Pueden cercenar la realidad, reduciéndola a una caricatura, pero pueden revelarnos nuestras filiaciones secretas y devolvernos la dignidad”.

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